Archivos Mensuales: mayo 2014

El silencio.

Ana se despertó casi de golpe, parpadeó un par de veces y abrió los ojos. Un techo blanco, una sensación calmada y una cama grande que no era la suya. Y a su lado, Pablo.

Dormía plácidamente junto a ella, había sido una noche maravillosa. En ese preciso instante lo supo: podía funcionar perfectamente. La embargó una sensación de sosiego y amor y volvió a mirar a Pablo.

Le quería. Le quería como nunca había querido a nadie, habían tenido días malos y días buenos, pero lo que sentía por él era inconmensurable. Él era el hombre de su vida.

Sin embargo, se levantó de la cama muy silenciosamente, se vistió despacio, sin la respiración agitada ni contenida, no hizo ningún ruido ni mencionó palabra. Observó a Pablo respirar, como tantas otras veces.

Y simplemente se fue.

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Martín Hache.

Creo que no había vuelto a ver esta película desde 2º ESO. Tenía 13 años cuando la vi por primera vez y me resultó fascinante, pero lo cierto es que aparte del monólogo de Dante de “Hay que follarse a las mentes” y -cuidado spoiler- la muerte de Alicia por sobredosis en la piscina, no recordaba nada más.

Que fue un petardazo pero muy densa, sé que hubo partes a las que no presté atención y que mi único pensamiento era “¿Cómo pueden ponernos esta película en el colegio teniendo los años que tenemos? ¿Es legal?”.

Pero lo cierto es que se me incrustó algo, no sé el qué, pero el no-recuerdo que tengo era de una buena película. Quizá mi subconsciente de 13 años borró gran parte del contenido por no saber procesarlo, pero recuerdo mucho las imágenes de los desnudos y las rayas.

Hoy, después de 9 años -si no son más-, la he vuelto a ver, esta vez en el piso de estudiantes en el que vivo, en la habitación grande de mi compañero de piso, en mi portátil, un martes 13 que ha resultado festivo en Valladolid, ciudad donde estudio Arte Dramático. Y, me cago en la puta, sigue siendo una de las mejores películas que he visto en mi vida.

Es como cuando te lees la teoría de algo y te pareció cojonuda, pero ahí se quedó; luego a lo largo de los años haces la práctica, ensayo y error, investigación, acumulación de experiencia; y entonces, vuelves a leer la teoría y te das cuenta de que es todo absolutamente cierto, de principio a fin, y que das gracias porque alguien haya podido condensarlo para ti. Puedes estar ahora de acuerdo o no con algunos aspectos y, a pesar de todo, es todo cierto.

Y piensas “¿De dónde habré sacado yo estas conclusiones y estas formas de pensar?” y la ves. Cuando creías que estabas perdido, ahí están tus raíces, para recordarte quién eres.

Y es maravilloso. No merece la pena que os la cuente ni que saque faltas -que seguro que las hay- ni siquiera que la ensalce, porque así solamente voy a conseguir deformarla.

Hoy me ha hecho redescubrir algo, espero que os haga redescubrir a vosotros algo vuestro cuando la veáis.

MartinHache

 

Transfobia.

No era este uno de los temas que pretendía tratar en las primeras entradas, pero dada la experiencia vivida ayer, qué menos que dedicarle unas palabras.

Se habla mucho de homofobia y lesbofobia, términos con los que la mayoría de vosotros estareis más familiarizados que con el que habéis visto en el título, pero para el que no lo sepa -o sea muy ajeno a esto- es tener fobia a gays y lesbianas -y, por consiguiente, a bisexuales también-, pero de lo que nunca se habla es de transfobia: fobia a los transexuales.

Maricón de mierda, comecoños o comepollas, travelo asqueroso, enfermo mental y otras lindezas de mayor o menor calibre son las que se oyen en los medios de comunicación y en la calle. Aunque hay que aclarar que los medios de comunicación sólo son el reflejo de las costumbres, mentalidad y convivencia del momento y -es más- la realidad de estas fobias está en tu lugar de residencia, en tu día a día.

Para que me entendáis a dónde quiero llegar o el por qué del tema, voy a la vivencia personal del día de ayer.

El día 17 de mayo es el “Día contra la homofobia” -a título concreto sería “contra la lgtb +fobia”- y los de la asociación Lgtb afincada en Valladolid querían proyectar unos vídeos al respecto en este día, particulamente sobre reacciones ante estas fobias en plena calle -¿cómo?- mediante teatro invisible o lo que llaman en la televisión cámara oculta. Fue un amigo el que me habló de este proyecto y decidí participar activamente con él. En este caso, él decidió travestirse -con mucho éxito, por cierto, parecía una chica guapa- y otro compañero hizo de su novio. Mi participación activa consistió en hacer de tránsfoba.

La imagen era la siguiente: una pareja sentada en el borde de una fuente, como dos enamorados, y dos chicas que salen a su encuentro a meterse con ellos, con todo tipo de insultos y vejaciones… ante la mirada sin reacción del resto de la gente. La mayoría de las veces que hicimos esta escena, sólo una persona se interponía porque estaba viendo que íbamos a llegar a las manos, ¡a las manos! Reaccionaban cuando había indicios de agresión física, pero cuando hay que reaccionar es antes, no se puede consentir una agresión verbal por la calle, de ningún tipo.

Todo esto que comento de seguro lo habeis leído en muchas partes, visto en vídeos, comentado con vuestros amigos, incluso es posible que hayais tenido la desgracia de vivirlo -vosotros mismos o vuestros amigos, en cuyo espero que los hayais defendido- en cuyo caso, sabeis de lo que voy a hablar a continuación.

El amigo que he nombrado antes, además de ser gay y vivir con él, es mi mejor amigo, se llama David. Y tuve que degradarle delante de toda una plaza por ser cómo es -y por ir vestido de mujer, no es más que un plus- para que otros -los que silencian o colaboran realmente en este tipo de agresiones- vean o se den cuenta de que son unos monstruos por consentirlas y no defenderlas. Como es natural, lloré después de esta escena, cuando aclaramos a toda la plaza que era teatro invisible, y no pude menos que abrazar a mi amigo, porque me sentía como una mierda.

¿Cómo puede haber gente así todavía? Quizá hubiera sentido menos empatía si hubiera sido otro y no él, quizá no me hubiera afectado tanto, pero lo cierto es que era él y no pude aguantarme llorar cuando llegamos a casa de nuevo, yo con el estómago revuelto.

¿Por qué yo por ser hetero puedo tener y adoptar hijos y él no? ¿Por qué ha de pasar penurias para forma una familia? ¿Por qué no puedo llevar a mis hijos al mismo colegio al que podrían ir los suyos? ¿Por qué tiene que costarle el trabajo o la vida privada el que esté con un hombre por pareja? ¿Por qué no puede casarse? ¿Por qué tiene que pasar vergüenza o inseguridad una persona transexual al salir a la calle? ¿Es que no es suficiente prueba de valor o sufrimiento para él/ella tener que vestirse y arreglarse todos los días porque no se puede pagar una operación para ser feliz? ¿Y su pareja? Ya es bastante trabajo llevar una vida de pareja saludable como para tener que cargar con la mierda que te echa la sociedad encima.

Estoy hasta los cojones, no es justo y no me parece normal que todavía haya gentuza que no entienda esto. Pero lo que más me jode es que no sé qué más hacer para cambiar esta situación.

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El viaje de Chihiro

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Aclamada por la crítica internacional, la película es considerada una de las mejores de la década de los 2000, y una de las mejores películas animadas de todos los tiempos.

Wikipedia dixit.

Eso es lo que he leído y oído sobre esta película, hasta que la vi ayer. Antes de que me matéis, he de decir que no es una cosa horrenda pero sí mata las expectativas. Procedo al destripe -cuidado spoilers-.

A lo largo de mis años como seudofriki o semifriki, muchas personas de este mismo calibre han pasado por mi vida -y siguen pasando, están debajo de las piedras, en cada rincón…- comentando que habían visto esta película y que, sin más demora, tenía que verla. A pesar de que constato que este tipo de personas realizan consumismo acelerado y sin descanso de anime, videojuegos, manga, etc. -dejando a un lado el merchandasing y tal, no hablo de dinero-, yo asumí erróneamente que si la crítica general era buena, la película no variaría mucho de la calidad de las opiniones.

Pues bien, lo siento en el alma, pero a mí “El viaje de Chihiro” no me parece una película de culto ni excepcional, no me causó furor, ni reflexión, ni un ataque al corazón, simplemente cumplió su función vital de película de animación: entretener. ¡Y un momento, que os veo venir! Que haya películas cuyo objetivo sea exclusivamente entretener me parece cojonudo, las hay que están hechas con esa intención, but permitidme deciros que dudo seriamente que las películas de animación japonesas estén única y exclusivamente hechas con ese fin dada la cultura tan rica y compleja de la que proceden, es decir, que algún mensaje hay en “El viaje de Chihiro”, no cinco-mil monigotes diferentes puestos al azar para que parezca una cosa muy poética, NO.

Me niego a creer que una película tan poética no tenga mensaje. Toda película japonesa de animación que no esté bañada por un guión europeo o americano -véase “Pokemon” y otros, sabéis a lo que me refiero- trata un tema profundo o de reflexión en forma de alegoría o historieta simple -que no sencilla- de vida cotidiana. Pues, chico, que no veo yo a dónde quiere ir a parar la alegoría, porque hay cosas que se resolvían solas y otras que no se resolvían. Me ha dejado muy fría, sinceramente.

Conste que también tengo en cuenta que no tengo mucho conocimiento sobre cultura japonesa -el justo para sobrevivir en las convenciones- y, por lo tanto, la simbología se me escapa y es compresible que no pueda entender algunas partes, pero -¡joder!- cuando lees a Lorca, por ejemplo, entiendes lo que te quiere decir este señor sin saber su simbología de antemano -que tiene una propia, no es de estas populares ni nada de eso- y sientes cosas, que te puedan gustar más o menos porque Lorca no gusta a todo el mundo, pero transmite algo. “El viaje de Chihiro” no me ha transmitido nada, ni emoción, ni sentimiento, ni una idea.

Sin embargo, romperé una lanza a su favor afirmando que la animación me pareció fantástica, en colores, nitidez, expresividad y fluidez de movimiento, muy idílico y dinámico. Si por esto es por lo que tenía tanta aclamación, entonces me quito el sombrero.

Aunque me temo que no fue esa la razón. Confío en que la gente -sí, soy de esas que todavía tienen un pelín de esperanza- sepa emitir juicios de valor un poco más acertados, o al menos me metan en el contexto histórico-cultural al hacerlo para no tener una expectativas desorbitadas.