El viaje de Chihiro

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Aclamada por la crítica internacional, la película es considerada una de las mejores de la década de los 2000, y una de las mejores películas animadas de todos los tiempos.

Wikipedia dixit.

Eso es lo que he leído y oído sobre esta película, hasta que la vi ayer. Antes de que me matéis, he de decir que no es una cosa horrenda pero sí mata las expectativas. Procedo al destripe -cuidado spoilers-.

A lo largo de mis años como seudofriki o semifriki, muchas personas de este mismo calibre han pasado por mi vida -y siguen pasando, están debajo de las piedras, en cada rincón…- comentando que habían visto esta película y que, sin más demora, tenía que verla. A pesar de que constato que este tipo de personas realizan consumismo acelerado y sin descanso de anime, videojuegos, manga, etc. -dejando a un lado el merchandasing y tal, no hablo de dinero-, yo asumí erróneamente que si la crítica general era buena, la película no variaría mucho de la calidad de las opiniones.

Pues bien, lo siento en el alma, pero a mí “El viaje de Chihiro” no me parece una película de culto ni excepcional, no me causó furor, ni reflexión, ni un ataque al corazón, simplemente cumplió su función vital de película de animación: entretener. ¡Y un momento, que os veo venir! Que haya películas cuyo objetivo sea exclusivamente entretener me parece cojonudo, las hay que están hechas con esa intención, but permitidme deciros que dudo seriamente que las películas de animación japonesas estén única y exclusivamente hechas con ese fin dada la cultura tan rica y compleja de la que proceden, es decir, que algún mensaje hay en “El viaje de Chihiro”, no cinco-mil monigotes diferentes puestos al azar para que parezca una cosa muy poética, NO.

Me niego a creer que una película tan poética no tenga mensaje. Toda película japonesa de animación que no esté bañada por un guión europeo o americano -véase “Pokemon” y otros, sabéis a lo que me refiero- trata un tema profundo o de reflexión en forma de alegoría o historieta simple -que no sencilla- de vida cotidiana. Pues, chico, que no veo yo a dónde quiere ir a parar la alegoría, porque hay cosas que se resolvían solas y otras que no se resolvían. Me ha dejado muy fría, sinceramente.

Conste que también tengo en cuenta que no tengo mucho conocimiento sobre cultura japonesa -el justo para sobrevivir en las convenciones- y, por lo tanto, la simbología se me escapa y es compresible que no pueda entender algunas partes, pero -¡joder!- cuando lees a Lorca, por ejemplo, entiendes lo que te quiere decir este señor sin saber su simbología de antemano -que tiene una propia, no es de estas populares ni nada de eso- y sientes cosas, que te puedan gustar más o menos porque Lorca no gusta a todo el mundo, pero transmite algo. “El viaje de Chihiro” no me ha transmitido nada, ni emoción, ni sentimiento, ni una idea.

Sin embargo, romperé una lanza a su favor afirmando que la animación me pareció fantástica, en colores, nitidez, expresividad y fluidez de movimiento, muy idílico y dinámico. Si por esto es por lo que tenía tanta aclamación, entonces me quito el sombrero.

Aunque me temo que no fue esa la razón. Confío en que la gente -sí, soy de esas que todavía tienen un pelín de esperanza- sepa emitir juicios de valor un poco más acertados, o al menos me metan en el contexto histórico-cultural al hacerlo para no tener una expectativas desorbitadas.

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