La vergüenza del actor.

Podría meterme en una pequeña salita de madera con 14 personas más, sentada en una silla negra plegable formando parte de un círculo que se mira entre sí, y que cuando me toque el turno me levante y diga: “Hola, me llamo Actriz… y tengo vergüenza.” “Hola, Actriz.”

Ridículo, ¿verdad?

Ya sé que os parece ridículo que me llame Actriz, pero la gente me llama así cuando apelan o apelo a mi vergüenza. Me cambian el nombre porque no tengo derecho a sentir eso, vergüenza. No es que la tenga o no, es que no tengo derecho a elegir.

Si en el fondo yo lo entiendo, hago cosas que el resto de la gente de a pie no hace: me desnudo con más gente, me acaricio con otros chicos que no son mi novio, canto muy desafinada a grito pelado, me pongo cosas feas en la cara, disparo con una M16 a mis amigos… y todo esto delante de más de 200 personas. Uff, ¿esto no lo haríais en vuestra vida real, no?

Yo tampoco.

Todo eso y cosas más desvergonzadas las hago en un escenario, donde se me permite hacerlas y nadie me juzga por ello, bueno sí, juzgan si les gusta o no les gusta cómo lo he hecho, no qué he hecho. Si todo eso lo hiciera fuera del escenario, os aseguro que me dirían de todo menos bonita.

No sé si me entendéis, voy a hacer analogía. Imaginaos a cuatro matemáticos y una actriz en una conferencia en la que van a hablar sobre geometría diferencial. Los cuatro matemáticos han resultado ser cuatro personas que no están acostumbradas a hablar en público y sienten verdadera vergüenza de tener que hacerlo por primera vez en su vida, a pesar de que traen unos gráficos precisos y vistosos y dominan con perfecta fluidez cualquier cosa tocante a la geometría diferencial; así que deciden que hable la actriz porque no tiene ese problema, a pesar de que no tiene ni puñetera idea de lo que es la geometría diferencial y lo único que podría expresar de los gráficos sería el nombre de los colores. Os podéis imaginar el resultado. Exacto, la imagen final es de una chica balbuceando cosas sin sentido intentando salir del apuro porque no sabe qué decirles a 200 matemáticos allí presentes que esperan geometría diferencial, es decir, una chica que está pasando completa vergüenza. Y no sólo eso, sino que, además, los cuatro matemáticos la miran con desaprobación y se quejan de lo mal que está saliendo la conferencia porque no entienden como una actriz puede hablar en público tan mal.

Vergüenza

Sí, ¿no lo sabíais? Cuando un actor no cumple las espectativas de la gente que tiene a su alrededor en un día de su vida diaria es una mierda de actor. Quizá sea una persona callada, pero un actor tiene que ser divertido y dinámico. Quizá no pierda mucho tiempo en arreglarse para salir, pero una actriz siempre tiene que parecer una modelo. Quizá no le apetezca contar chistes o decir tonterías, pero un actor debe ser el bufón que a todos divierte del grupo. Quizá esté disfrutando de un buen rato para evadirse, pero una actriz tiene que saber llorar en el momento en el que te lo piden. Ah, y sin que se te corra el rímmel, que sino dejas de parecer una modelo y te conviertes en una chica normal.

– ¡Anda, cuéntanos una historia divertida o un chiste!

+ La verdad es que no me sé ninguno en este momento.

– Venga, que alguno te sabes fijo, que eres actor.

+ No me apetece, lo siento.

– Joder, vaya mierda de actor.

+ ¿En qué trabajabas tú?

– Soy panadero.

+ Hazme pan.

– ¿Pero eres tonto? ¿Cómo voy a hacer pan aquí en mitad del parque?

+ Pues vaya mierda de panadero.

Ser actor y que tener vergüenza es como ser un gato y que te guste el agua, inconcebible.

Sin embargo, he de aclarar una cosa que no sabéis: actor o actriz es un trabajo, una profesión, un oficio. No una manera de ser o de hacer en el mundo. Es un trabajo que se lleva a cabo en un espacio concreto, en un tiempo concreto y con 200 personas mirando que, concretamente, han pagado en la taquilla su entrada. Nosotros nos ponemos al servicio de la miseria humana para que los panaderos, los administrativos, los profesores, los jubilados, los estudiantes, etc. puedan contemplarla y reflexionar sobre ella, no ponemos nuestra miseria humana en escena.

Porque detrás de cada actor o actriz hay un hombre y una mujer con su carácter, sus circunstancias, su estado emocional, sus virtudes y sus defectos. Y entre toda esa maraña de aspectos y cualidades, puede estar la vergüenza.

Ah, por cierto, no me llamo Actriz. Me llamo como pone en mi partida de nacimiento.

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