Cómo dar una opinión y no morir en el intento.

Para los que esperáis una entrada para poder quedar bien, del rollo…

“Soy super amiga de […] y su trabajo es genial, ¡totalmente recomendable!”

… os lo advierto ya: os habéis equivocado de blog -y de persona-.

Normalmente la gente acude a mí – qué pretencioso suena, ¿verdad? ¡Como si una supiera de todo!- en busca de una crítica constructiva y no valorativa, la palabra que suelen usar para pedirme consejo y opinión es sinceridad.

He tenido un arduo debate conmigo misma -hace bien poco- sobre si debía ser por primera una “voz de la palabra edulcorada” y envolver con papel de regalo de colores esta crítica -porque, no nos engañemos, un mínimo de crítica iba a tener- o, por el contrario, ser todo lo sincera que sé de la manera menos hiriente posible, sabiendo que con esto me ganaré la desaprobación de muchas personas del gremio, del propio autor/intérprete o incluso podría perder amigos; lo que viene a llamarse coloquialmente “ser la mala del cuento“.

Después de esta declaración, algunos estaréis pensando “¡Pues no lo hagas!¡Estás arriesgando mucho por unas letras!”, pero resulta que estoy un poco harta de los edulcorantes de muchas personas tras leer sobre un libro, ver una película o -qué voy a decir, esto está a la orden del día en mi entorno- un montaje teatral o escenas simplemente por el hecho de que los implicados en dicho trabajo -no olvidemos esto, trabajo- son amigos nuestros, allegados o incluso conocidos y tememos quedar mal ante ellosa espaldas de ellos ya es otra cosa, pero entraríamos en otro tema-.

Entiendo que con el trabajo reciente la ilusión y la satisfacción de haber finalizado dicho trabajo podría anularse o ensuciarse por una crítica negativa, es comprensible y de muy poca sensibilidad hacer eso; sin embargo, podemos felicitar por el trabajo -hay quién no hace esto para que no se confunda, pero soy de la opinión de que siempre hay que felicitar por el trabajo independientemente de su calidad- y dar la crítica más tarde si se pide, y en caso de que no podamos eludir la pregunta “¿Qué tal, qué te ha parecido?” siempre nos queda un “Bien, pero te lo cuento otro día con más calma, un día que tengamos tiempo.” para salir del paso y no caer en la frase de principio de entrada.

En este caso, como habéis podido deducir, he decidido ser todo lo sincera que sé procurando no herir a nadie, y es que os voy a desvelar un secreto: me jode mucho perder credibilidad y convertirme en una incoherente.

El objetivo de esta entrada es desde el principio de ayuda y no de malmeter -todo el mundo sabe malmeter, pero no todo el mundo sabe ayudar-. En mi opinión -como he venido diciendo desde la primera línea- que te digan que lo has hecho muy bien y que muy guay cuando ambos sabemos -el amigo que te lo dice y tú mismo- que tiene fallos que deben resolverse en un futuro, no ayuda a crecer.

Personalmente, me gusta que me hagan devoluciones constructivas porque me ayuda a mejorar en mi trabajo, desgraciadamente hay pocas personas que sean realmente sinceras en sus críticas -también existe la falsa sinceridad, en la que las devoluciones son destructivas- porque no me creo que lo haga todo bien. Es cierto que puedes enfadarte en ese momento o que lo sientas como un ataque personal -a mí me pasa mucho- pero en frío te das cuenta de que eso que recoges es para mejorar.

“El ser honesto posiblemente no te deje muchos amigos, pero seguramente te dejará a los amigos de verdad.”

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