Recuerdo…

Recuerdo cuando te esperaba en la puerta. Estaba impaciente porque salieras sólo para verte y preguntarte qué tal el día, aunque alguna de las veces tú no me preguntaras a mí.

Los ratos libres sufría un ataque agudo de aburrimiento y tenía que ir a verte, nada de mi alrededor me entretenía lo suficiente.

Recuerdo que mi móvil parecía una pastilla efervescente que no parecía terminar de disolverse hasta la noche. También recuerdo las noches en vela. Y los días en vela.

Recuerdo ponerme en evidencia las 24h, los 7 días de la semana y los 30 días del mes sin que me importara. Incluso alguna vez me jactaba de ello.

Recuerdo que cada paso avanzado en tu espacio vital era un logro de dimensiones incalculables, una hazaña que llenaba de rasguños y heridas a pesar de la insignificancia del trofeo.

Recuerdo creer fervientemente en la bondad humana a través de ti. Invertía una cantidad ingente de energía en curar lo incurable, hasta el extremo de la extenuación constante.

Recuerdo dudar de mi identidad como si eso fuera el mejor maquillaje para parecer más guapa. Las dudas resueltas te resultaban feas.

Recuerdo conseguirte, varias veces. También recuerdo no haber sabido retenerte.

Recuerdo nuestras pequeñas y fugaces atmósferas de felicidad. Creía que con eso ya lo tenía todo.

Recuerdo cómo me has ido apartando paulatinamente. Después me has sustituido.

Recuerdo nuestros recuerdos.

Y ahora te echo de menos.

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