Abrir los ojos.

En cuatro años mi vida ha cambiado mucho. Recuerdo mi primer año. Fue el año en el que me equivoqué.

Creo que el año más diferente que he vivido aquí en Valladolid fue ese, el primero, porque todo era nuevo, un nuevo estilo de vida, un nuevo lugar, un nuevo horario, nuevas personas, distintos procedimientos de hacer las cosas… estaba sola.

Muchas personas evitan la soledad porque no quieren enfrentarse a sí mismas, evitan parar y mirarse en algo más que un espejo, porque eso supondría analizar sus acciones, sus pensamientos y sus defectos. Los principios que nos imponemos a nosotros mismos juegan un papel importante en todo esto, qué estás dispuesto a hacer y qué no estás dispuesto a hacer, que es lo que nunca harías bajo ninguna circunstancia y qué estás dispuesto a aguantar o a dejar que te hagan.

La mitad de estas cuestiones se fueron a la mierda en mi primer año de carrera. Encerrada en un cuchitril con cama y baño-ducha más de 12h al día, evitar todos los días el primer o segundo plato del menú porque es incomible, no ver a nadie durante al menos 10h al día y que tu único entretenimiento eficaz sea estudiar y los trabajos de la escuela… digamos que el espejo era el menor de mis problemas.

A raíz de esto te pones a decidir cosas fundamentales que hasta ahora no te habían hecho falta, como cuándo era el mejor momento para lavar la ropa, cuál era la mejor hora para bajar a comer en la residencia, tener un mapa de Valladolid por si el maps se colgaba y aprenderme todas las rutas de autobús que me dejaran cerca del lugar donde duermo. Cosas básicas de supervivencia. A eso se le sumaba tener que elegir la gente con la que socializabas, no llamar en exceso a tus padres para que no pensaran que tu depresión era más grande de la que contabas y estar preocupada cada dos minutos por si tu novio iba a dejar de quererte por la distancia. Cosas básicas de supervivencia.

Y como he dicho, me equivoqué en todo. Los fines de semana no eran el mejor momento para lavar la ropa, a primera hora no era la mejor hora para bajar a comer, el mapa a veces se me acababa cuando se colgaba el maps y andar era más rápido y directo que coger el autobús. Os podéis imaginar que me equivoqué también en no contarles a mis padres que realmente estaba muy mal, que mi novio a día de hoy me sigue queriendo más que antes y que la gente con la que socialicé no fue un acierto.

Las pequeñas cosas las solucionas el primer mes, a veces tardas más, pero la resolución llega pronto. Las cuestiones a largo plazo funcionan diferente, en especial con las que no tienes experiencia.

Ayer, después de cuatro años, observaba y escuchaba a mis compañeros de clase hablar, reír y divertirse sin meterse con nadie en un bar pequeño durante una ocasión especial, desde una silla de madera y con una caña con limón en la mano. El detalle es que fue la primera vez que presencié esto.

Sólo hace un año que aprendí que las relaciones personales pueden perfectamente -y deben- ser sanas. Ayer vi con mis propios ojos que me había dejado la salud en tres años de carrera, todo por una decisión desafortunada en primero. Había varios abstemios y la mitad eran no fumadores, ningún borracho, ningún exceso, nada, sólo ellos mismos con sus bromas, sus risas, sus globos, sus cosas de picar, sus tartas y bizcochos caseros y sus pequeños hallazgos del momento. Sólo se necesitaban ellos mismos.

No fui el alma de la fiesta -de hecho, hubo una coña al respecto que me resultó divertida-, no hablé mucho, procuraba pasar inadvertida porque sentía que estaba fuera de lugar y ciertamente un poco incómoda. Y sin embargo, no me sentí excluida. Aceptaban que estaba ahí, que me costaba y punto. No sentí la necesidad de demostrar que era la más divertida, la más ocurrente, la más simpática, la más conversadora ni la más bebedora, ni la más elegante, porque no había cabida en ese ambiente para nada de eso, no había personas tóxicas a las que sobrevivir ni situaciones tensas que soportar. Y estoy absolutamente segura de que para llegar a eso hubo discusiones, malentendidos y falta de comunicación, pero ahí estaban. Se lo estaban pasando bien.

Actualmente es tarde para lamentarse, básicamente porque ya no hay solución, el tiempo no se puede recuperar. Pero no está mal intentar empezar de cero, aunque sea al final. Al menos puede que tenga salud a partir de ahora.

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3 comentarios en “Abrir los ojos.

  1. No sabía que tenías un blog,me encantan los blogs, de hecho leo y sigo un montón de ellos…a partir de ahora el tuyo también…
    Ese día del que hablas en esta entrada…se perfectamente cual es porque yo estaba allí contigo…me alegro de que nos hayamos conocido este año…un besito esteli

      1. De vergüenza nada que es precioso y real como la vida misma lo que escribes… Y si, leo muchos blogs porque me siento siempre muy identificada con las cosas que leo en ellos… 🙂

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