Archivos Mensuales: abril 2015

A mis niños de 20 años o más.

A veces pienso que hago las cosas bien. No, no, lo digo en serio.

Muchas veces pienso que hago lo correcto, lo más beneficioso para todos, lo mejor que puedo hacer en cada situación, todo en su tiempo y espacio justo, a cada persona lo más favorable. Porque me considero inteligente. Sí, me considero inteligente. Y lista. Y cuando tengo el día, extremadamente guapa y sexy, todo me queda bien. También tengo un gran corazón y soy cariñosa con mis seres queridos y solícita con los que me piden ayuda. Hablo en serio, invierto mi tiempo en ayudar a otras personas a cambio de tener menos tiempo para hacer mis tareas. No os lo he dicho, pero perdono todo. Todo, todo. Ya pueden hacerme la putada más grande, que yo lo perdono y el karma pondrá a cada uno en su lugar. Porque soy una chica muy pacífica. Extremadamente pacífica, sí, con una filosofía de vida envidiable y una ética y moral intachables: llevo mis principios por bandera, defiendo los derechos del colectivo y pongo mis acciones al servicio del bien común, siempre desde la no violencia y el diálogo, por supuesto. Resuelvo problemas emocionales y tengo soluciones para todo y para todos. He de añadir que cocino bien, la verdad. También soy una gran actriz, pero está claro que lo primero es el elenco, el grupo, el trabajo en equipo, eso es lo importante, mi talento natural es un mero complemento. Que no se me olvide decir que soy una gran amante, en la relación de pareja y en la cama, la combinación perfecta entre carácter y dulzura, preocupación por el otro e independencia.

Tengo muy claro que soy un ser completo.

¿Esto era lo que querías leer? ¿O prefieres leer otra cosa?

A veces pienso que hago las cosas mal. No, no, lo digo en serio.

Muchas veces pienso que soy incorrecta, que hago lo que más jode a todos, lo peor que puedo hacer en cada situación, todo a destiempo y en el lugar equivocado, a cada persona lo que más le molesta. Porque me considero inferior. Sí, me considero inferior. Y absurda. Y cuando tengo el día, extremadamente fea y contrahecha, todo me queda mal. También tengo mal carácter y soy seca con mis seres queridos y borde con los que me piden ayuda. Hablo en serio, invierto mi tiempo en tocarme los cojones a dos manos a cambio de que me dejen tranquila los pesados de turno para que piensen que soy una pasota. No os lo he dicho, pero guardo rencor a todos. Todos, todos. Ya pueden hacerme simplemente una bromita, que yo me lo guardo y en el momento preciso pondré a cada uno en su lugar. Porque soy una chica muy agresiva. Extremadamente agresiva, sí, con una contención de la ira lamentable y una ética y moral inexistente: en realidad no tengo principios, me la suda el colectivo y hago lo que me sale de las pelotas, siempre con mucha soberbia y portando la verdad absoluta, por supuesto. Creo problemas emocionales y conflictos para todo y para todos. He de añadir que me da pereza alimentarme bien, la verdad. También soy una gran actriz, pero está claro que al resto del elenco le molesta por no estar a mi altura, y eso sólo tiene un nombre: puta envidia de mi talento natural. Que no se me olvide decir que hay días que follo por follar, en la relación de pareja soy la combinación perfecta entre mala leche y empalagosidad, inconstancia y dependencia emocional.

Tengo muy claro que soy un ser incompleto.

¿Esto era lo que querías leer? ¿O prefieres conocerme de verdad?

Una Escuela de Arte Dramático a la altura de la sociedad

Tam-Tam Press

© Fotografía: Alexandros Vasmoulakis. © Fotografía: Alexandros Vasmoulakis.

“Cuando casi han transcurrido diez años desde la creación de la Escuela Superior de Arte Dramático de Castilla y León (ESADCyL), parece demostrada la falacia de los beneficios de la gestión privada (financiada con fondos públicos, por supuesto) que lleva a cabo la Fundación FUESCyL”. “La ESADCyL no tiene problemas porque nadie los visibiliza. Esta es la educación artística que tenemos… perfectamente alineada con la sociedad”. / Un nuevo artículo de opinión de la actriz vallisoletana, codirectora de Teatro Dran.

Por RUTH RIVERA

¿A qué precio se cotizan la dignidad personal y la ética profesional?” Hace poco más de un año, el alumnado de la Escuela Superior de Arte Dramático de Castilla y León (ESADCyL) más comprometido con su penosa situación académica concluía con esta frase un artículo de su blog “Ojo con el foco; recomiendo también el único soporte crítico…

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Lucy (II)

El estruendo de los nudillos en la madera resonó en cada gota de lluvia. Lucy aguardó inmóvil, casi parecía una estatua inerte, cualquier movimiento por pequeño que fuera podría cambiar el curso de las cosas.

Esperó. Nada ocurría excepto la lluvia. Siguió esperando. Luego pensó en girar sobre sus pies e irse. No, Lucy, aguanta, lo estás haciendo muy bien. Un trueno. Un relámpago. Más lluvia. Aguanta, Lucy, sólo tienes que esperar.

Un click metálico. La puerta se abrió despacio… y ahí estaba él. Lucy esbozó un gran sonrisa e hinchó el pecho de felicidad.

 -Hola.

Él la miró como si no entendiera qué hacía ella ahí y Lucy sonrió todavía más.

– ¿Quién eres?

Un trueno. A lo lejos un rayó partió en dos un árbol, pero nadie se enteró. La ropa empapada y chorreante empezó a pesarle, el dolor de caminar en los pies se hizo patente, miles de gotas de lluvia caían por sus mejillas.

– Soy yo…

– Perdona, ¿te conozco?

Lucy abrió la boca para decir algo, pero no salió nada. Buscaba en su mirada algún tipo de reconocimiento, algún atisbo de memoria. Nada. Lucy giró sobre sus doloridos pies para marcharse.

– Puedes entrar hasta que pase el mal tiempo.

Lucy le miró por última vez. En sus ojos había preocupación, ayuda… pero seguía sin reconocerla. Sus pesadas piernas dieron en volver al camino y al poco oyó cerrar la puerta tras de sí.

Y siguió caminando.

Lucy (I)

Caminaba por una calle adoquinada, vieja, como esas del Londres victoriano. Y llovía, como no, llovía a mares. Sin embargo, Lucy caminaba tranquila y empapada, un pequeño hilo de agua escurría constante por su nariz.

No sabía a dónde iba. Tampoco le importaba demasiado, sólo sabía que no podía parar de caminar, un pie detrás de otro, como un mecanismo de engranajes de un reloj, que nunca cesa…

La lluvia no remitía, el repicar constante de las gotas era como una melodía dulce que le hacía cerrar los ojos y respirar profundo.

Se detuvo frente a su puerta. El agua caía, hacía un recorrido semicircular en el pomo central de la puerta. Lucy levantó el puño, inspiró hondo y se detuvo. Sus pestañas mojadas no impedían que el agua se colase hasta sus ojos. De nuevo, levantó el puño e inspiró hondo, y de nuevo se detuvo.

¿Qué estaba haciendo? Se iba a casar mañana, no tenía ningún sentido. Sólo podría saber si estaba haciendo lo correcto si llamaba a la puerta. Llama a la puerta, Lucy. A lo mejor no hay nadie y has ido para nada. Pero has ido. Eso quiere decir que la vuelta va a ser dura, seca, horrible y rota.

Puedes hacerlo, no tengas miedo, sólo tienes que dar unos pequeños golpecitos rítmicos en la madera y lo sabrás. Hazlo, no tengas miedo.

¿Qué puedes perder?