Archivos Mensuales: mayo 2015

Vacío.

Vacío.

Silencio. Colores y formas. Respiración. Zumbido de palabras inconexas. Movimientos difusos.

Tú.

En la estratosfera. Lejos. Aquí. Latido. Latido. Latido. Quietud. Miras al cielo. Desesperación. Suspiro. Tú.

Vacío.

– ¿Me estás escuchando?

– Sí, perdona.

Anuncios

Parcialmente nublado.

No puedo evitar mirarte y pensar “Eh, estoy aquí…”, porque sueles mirar a todas partes menos a mi alma, porque sueles tocar todo menos mi cariño, porque sueles hablar de todo menos de nosotros. Así suena hasta romántico.

Pero qué me vas a contar. Puede que tú estés tan perdido como yo, tú el experto en tener las cosas claras y yo la experta en fingir que puedo con todo. Vaya par de estúpidos. Tú no facilitas las cosas y a mí me encanta complicarlas, es juntar el hambre con las ganas de comer. Estamos hechos del acero de los autónomos y todavía se nos escapa la capa y la espada el uno con el otro. Vaya par de idiotas. No somos dos, somos cuatro, y no siempre coinciden los buenos con los buenos. Los días de completar las frases preceden a los del eterno silencio, los días de entusiasmo preceden a los del olvido. Todo porque yo dije blanco y tú dijiste negro sin estar jugando en la misma liga, probablemente ni al mismo juego. En el fondo admiro tu tranquilidad: yo te engaño y tú te dejas engañar, porque así es mucho más llevadero y no hay que poner las cartas encima de la mesa, no nos gusta perder a ninguno de los dos. Yo no te molestaré más y tú jamás pedirás disculpas. Dejaremos de aprender el uno del otro más temprano que tarde, sencillamente porque ya estamos condenados. Sería muy pretencioso decir que la culpa de todo es tuya, o que yo cargo con todos los errores que nos han desviado de aquella especie de camino que seguíamos sin importar a donde.

Y, a pesar de todo, el quererte hace que todavía me siga preguntando “¿De qué tendrá miedo?”.

Confesión de noche.

[22:45PM]

No me sentía rechazada, ni siquiera enfadada. Me sentía triste. Como cuando se te muere alguien. Solo que no sabes quién o qué ni las causas, simplemente sabes que algo se ha hundido en el fondo y se ha desvanecido. Eso es todo. Una tristeza limpia. Como si estuvieras acostumbrada, como si fuera lo normal, como si hubiera sido un detalle sin importancia. Tristeza y ya, nada más.

Y ahora sé que fue un punto de inflexión y no un final.

[02:33AM]

¿Sabes? Sí tengo miedo.

No me da miedo que me mires mal.

No me da miedo que me digas palabras hirientes.

No me da miedo que me grites.

No me da miedo que me pegues.

No me da miedo que me tortures.

No me da miedo que con el filo del cuchillo me deshagas el tejido de mi piel, desde el pubis hasta la garganta.

No me da miedo que hundas tus dedos en la brecha y me abras desde las costillas.

No me da miedo que bañes tus manos en la sangre de mi intestino.

No me da miedo que me retuerzas la bolsa del estómago.

No me da miedo que rasgues despacio mis pulmones.

No me da miedo que me arranques el corazón y lo revientes delante de mis ojos.

No me da miedo que eches sal y limón a los restos.

Si no hicieras nada de eso y me abrieras en canal solamente para admirar cómo funcionan mis órganos, y volvieras a coserme cuidadosamente como si nada hubiese ocurrido…

¿Sabes? Eso sí me da miedo.