Tú.

Te miro y no te reconozco. Y me entran ganas de llorar. Porque pensaba que te había perdido pero te he ganado, quisiera decirte todas las cosas de las que me acuerdo y tengo que olvidar. Y me entran ganas de llorar. Yo que escribo historias de amor y soy incapaz de enganchar una sílaba con otra cuando te hablo. No lo sabes, pero dejo de ser lista y elocuente a tu lado. Todavía no entiendo muy bien qué has visto en mí para que quieras quedarte, si no te valgo para nada. No se puede ser tan buena persona en esta vida, ¿sabes? Me da miedo que alguien te estropee porque sé que no voy a poder cuidarte como me gustaría.

Te tengo aquí, con un sentimiento tan grande que no sé cómo no me desborda. Voy a tener que apuntar la templanza en mi lista de virtudes después de ti. Y pasará el tiempo… y todavía me seguiré preguntando si fueron buenas aquellas duchas frías o me helaron la sangre que me llegaba al corazón.

Algún día te contaré que es lo que más me gusta de ti. Hoy aprovecharé los minutos que me dejas.

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