Archivos Mensuales: julio 2015

Describir los celos.

“Es un sistema de defensa para proteger lo que es tuyo, por eso son tan malos los celos, porque implican posesión. Y las personas no son cosas, son personas.”

Una chica en un foro.

He visto este razonamiento o este pensamiento en muchas partes y conozco personas que lo mantienen y defienden. Yo no estoy de acuerdo.

Algunas personas los describen como una ira creciente, otros como un susurro incansable en la oreja, otros dicen que es cuando te cuesta respirar y otros cuando te entran ganas de llorar. Cada persona lo expresa de manera diferente. En lo que sí estamos todos de acuerdo es que no es un sentimiento que nos gusta exteriorizar, porque los celos son un síntoma de vulnerabilidad. Y a nadie le gusta ser vulnerable en público.

Personalmente, dudo que se trate de posesión. Existen personas enamoradas de otras que no han verbalizado esta situación con éstas últimas y sienten celos, no hay nada ni nadie que pueda sentirse atacado. Existen parejas felizmente juntas durante muchos años y sienten celos, así que no pertenece a una falta de confianza. Hay hermanos mayores que sienten celos de sus nuevos hermanos pequeños y el amor de sus padres por ellos no ha cambiado. También hay mejores amigos que sienten celos de una nueva amistad creciente y no se les ha dejado de prestar atención. Y entonces yo me pregunto, ¿por qué?

En todas estas situaciones nos encontramos en una posición privilegiada, que nos ha otorgado la otra persona en su vida (o que podría otorgarnos, haciendo referencia a la primera situación explicada), y con la que nosotros estamos de acuerdo, porque existe un vínculo afectivo fuerte. Dado esto, ¿y si otra persona pudiera sustituirnos perfectamente en esa posición privilegiada, e incluso hacerlo mejor? Eso son celos.

Miedo a que otra persona le haga más feliz que tú. Simple y llanamente. “Esa chica le hará más feliz porque le gusta y yo no, por mucho que yo haga”, “Ese hombre podría hacerla más feliz porque comparten gustos y aficiones y nosotros apenas tenemos nada en común”, “No soy suficiente para mis padres y se han buscado a otro que les haga más feliz”, “Esa tía acaba de llegar y conecta mucho mejor con ella que yo, se entienden enseguida”. Y entonces te entran ganas de llorar, o de gritar muy fuerte, o de hacer caso a ese susurro que dice que te apartes de ahí o se te corta la respiración sólo de pensarlo.

Los celos no se pueden evitar, al menos no he encontrado persona humana que los evite. Pero sí se pueden afrontar. Cerciorarse uno mismo de que esa persona te quiere a ti porque eres así y le gustas así, es una buena razón para dejar de tener celos. No importa que el que venga o la que venga sea mejor o peor, coincida en gustos o no, porque esa persona te quiere a ti porque eres así y así lo ha decidido. Los sustitutos no existen. Existen personas que se añaden a tu vida y personas que se quitan de tu vida, pero los sustitutos no existen. Eres una persona única y especial, así eres a ojos del o la que te quiere.

El problema es que a veces se nos olvida. Así que os recomiendo que se lo recordéis a vuestros seres queridos. Seguro que así les hacéis mucho más felices.

Creencia.

Por lo visto se trata de creencia. De creer que hay algo más, algo por lo que merece la pena quedarse, algo por lo que merece la pena luchar, algo por lo que aguantar viento y marea, levantarte del enésimo golpe, resurgir de las cenizas para encararlo con otra perspectiva, algo por lo que mejorar y crecer.

Y te podrán decir muchas veces que no, que no es así, que estás haciendo un esfuerzo titánico en vano, que si pasado determinado tiempo sigue sin funcionar es porque no va a funcionar. Y que además te estás haciendo daño por el camino, que cada paso descuenta en vez de contar, que es un sinsentido total y absoluto, que es una idealización y que ya te caerás del guindo.

Y piensas que tienen razón. Que es una tontería, una batalla perdida, que no hay nada más allá y que una vez más estás solo.

Sin embargo, hay algo que… quizá… una luz pequeñita… en el fondo del pozo… detalles nimios… una corazonada de algo grande… como un destello azaroso de algo reflectante que cuelga… sigue llamando tu atención todavía…

Por lo visto, se trata de creencia.

Dime la verdad.

– Si te digo que no te necesito, ¿tú qué dices?

– Que yo a ti tampoco.

– ¿Lo dices porque no te necesito?

– No, lo digo porque yo no te necesito.

– ¿Y si te digo que no te quiero?

– Te diría que yo también.

– Creo que te has equivocado, se dice “yo tampoco”.

– No, el que se ha equivocado eres tú.