Archivos Mensuales: agosto 2015

Salas de espera

la chica de los jueves

Creo que no hay nada más horrible que una sala de espera. Esas revistas del año pasado con noticias que ya huelen a caducado. Esos sillones de polipiel, que sobre todo en verano, tan bien vienen para la sudoración (cómo me gusta quedarme bien pegada a ellos). Ese hilo musical crispante, antiguo, inquietante. Esa máquina de agua aséptica, blanquecina, recalentada. Esa recepcionista mirando Facebook a hurtadillas, removiendo el café de máquina con brío.

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Las mascotas

Me cuesta, pero hay que madurar.

Kevin Mancojo

Como ya dije en la entrada anterior, voy a tratar de publicar cada dos o tres días. Y aquí estoy, con ganas de escribir sobre algo que seguramente os vaya a gustar, las mascotas. Aunque también tenga su parte mala…

Esto viene a cuento de que operaron a mi perra hace unos días, tenía infección de útero. Nosotros nos dimos cuenta de que estaba muy apagada y que no comía nada, pero todos decían: “El verano”, por lo que no le dimos importancia hasta que vimos unas gotitas en el suelo que no eran para nada sangre… así que la llevamos al veterinario.

Nos dijo que hay muchos casos en los que los dueños no se dan cuenta y que al final el animal fallece, algo que casi sucede con la mía. Por suerte, todo ha salido bien y ya está en casa.20150710_154953

Esta no es mi primera perra, ya…

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Lucy (III)

No. No había llegado hasta ahí para nada. La lluvia, el peso la ropa, su pelo empapado en agua, demasiados relámpagos y truenos. Lucy no tenía intención de abandonar. Dio media vuelta.

Quizá estuviera casada mañana y quizá no le volvería a ver nunca más, quizá no se acordara nunca de ella, pero ¿y todo lo anterior? Estaba claro lo que había que hacer.

Lucy llamó de nuevo a la puerta. Esta vez no tardó. Bajo el marco apareció él de nuevo, sin mediar palabra.

-Sólo hasta que pase la lluvia.

-De acuerdo, no tengo prisa.

-Yo tampoco.

Y con una gran sonrisa puramente cordial, la invitó a entrar mientras le ofrecía té caliente. Lucy miró una última vez al viento que azotaba la lluvia y las ramas antes de que se cerrase la puerta tras ella.

Había decidido empezar de cero.

Declaraciones de amor caducadas.

He escrito muchas cosas para ti. Más largas, más cortas, más profundas, más banales… pero para ti. Sí, para ti.

Y sí, todo eran declaraciones de amor.

¿Sorprendido? No lo creo. Tú sabes la verdad, la has visto en mis ojos y en ese perfume que destiñen mis palabras. Parece mentira que todavía no sepas que no quiero dejar de quererte. Es una elección. Es mi elección. Y sé de cierto que, por lo menos, no te ha disgustado.

A veces pienso que tendrás un momento de lucidez y ocurrirá, ni idea de qué, pero ocurrirá. Otras veces pienso que esto es un principio de masoquismo o que me estoy volviendo una jodida conservadora con mis políticas internas. Incluso que son un producto de mi imaginación mis propios sentimientos, vaya usté a saber.

Y te juro y te perjuro que estoy intentando resolver este puzzle, palabrita del niño Jesús. Un ratito al día y se pasa. Y se pasa. Se pasa el tiempo. Y se caduca cuando pasa el tiempo, como los yogures.

Chico, que los hechos son obvios y las palabras sobran, que despiertes, que no es un interés pasajero ni una alucinación, está ocurriendo aquí y ahora.

Así que voy a hacerte la pregunta:

¿Me dejas quedarme contigo un ratito más?