Sin rumbo.

Me pregunto cuánto tiempo tardarás en olvidarme entre todo este trasiego de idas y venidas hacia ninguna parte.

¿Cuánto tiempo crees que podremos luchar contra el tiempo? Ojalá tuviera la respuesta. Como dijo un patito, Buda no tiene nada que ver en todo esto. Si dudo ahora, ¿quién me asegura que no dudaré en un futuro? A veces mi política de doble o nada me sale muy cara, pero me ha protegido tantas veces de todos los males que ya no se lo tengo en cuenta. Y pensaba que estaba perdida, de verdad, que no tenía ni idea de lo que quería ni cómo lo quería. Pero me equivocaba. Sólo estoy perdida contigo. Tiene su encanto, la verdad, pero ni el tiempo ni los corazones heridos perdonan, eso también quiero que lo sepas. Que me canso de ser la valiente, la rebelde, la emprendedora, la guía, la solucionadora, la paciente, la de segundo plano, esa que… esa que nada. Igual es que me tomo todo muy en serio y eso no puede ser, qué sé yo.

La razón es siempre la misma, muy bien, ¿y si no fuera así, qué cambiarías? ¿Lo harías de otra manera? ¿Habría algo insultantemente diferente? Porque si es así entonces no es una razón. Es una puñetera excusa.

Y si no cambiases nada, todo dejaría de tener sentido. Porque a todos nos gustan las cosas difíciles si la recompensa merece la pena.

¿Sabes qué pasa? Podría escribir sobre muchas cosas, pero curiosamente escribo sobre ti. Será que voy sin rumbo.

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