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Las mascotas

Me cuesta, pero hay que madurar.

Kevin Mancojo

Como ya dije en la entrada anterior, voy a tratar de publicar cada dos o tres días. Y aquí estoy, con ganas de escribir sobre algo que seguramente os vaya a gustar, las mascotas. Aunque también tenga su parte mala…

Esto viene a cuento de que operaron a mi perra hace unos días, tenía infección de útero. Nosotros nos dimos cuenta de que estaba muy apagada y que no comía nada, pero todos decían: “El verano”, por lo que no le dimos importancia hasta que vimos unas gotitas en el suelo que no eran para nada sangre… así que la llevamos al veterinario.

Nos dijo que hay muchos casos en los que los dueños no se dan cuenta y que al final el animal fallece, algo que casi sucede con la mía. Por suerte, todo ha salido bien y ya está en casa.20150710_154953

Esta no es mi primera perra, ya…

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.. the trail

Utopías de una libélula

Creo que todavía no lo has entendido. Que la vida está para improvisarla, para saltarse las reglas, para contradecir las normas, para desafiar los límites. Y sólo tienes una oportunidad de hacerlo. Perder el juego supone el final. Olvida las responsabilidades, las opiniones, los “debo”, los “no puedo”. Y haz. Haz de todo, con pasión, con energía, con dolor, desgarrándote la piel a tiras, ahogándote en el barro y gritando hasta que la voz no te responda y el eco estalle en los oídos. Ignora las prohibiciones, prueba, disfruta, permite que el riesgo te excite. Sonríe, muerde, desmorónate y suelta tu carcajada más sonora. Aprovecha cada segundo, cada instante, para recordarte a ti mismo que sigues vivo y que el universo entero está ahí para ti. Sólo por una vez. Apaga el teléfono, olvida la tarjeta de crédito en algún banco de la calle, tira las llaves a las vías…

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.. starfish

Utopías de una libélula

Se pasaba los días sentado, esperando, dejándose llevar por la corriente que lo arrastraba sin intervenir en absoluto. Observaba con paciencia lo que le rodeaba, lo examinaba detalladamente, creaba sus propias historias en su cabeza. Imaginaba situaciones, circunstancias que le eran ajenas y que quizá no sucedieran nunca. Estudiaba los rostros demacrados, las sonrisas radiantes, la debilidad en una cojera o la comodidad de unas deportivas de marca. Sacaba conclusiones sin juzgar, por el mero placer de conocer sin preguntar. Escuchaba en silencio y tomaba notas sobre todas aquellas personas a las que quizá solo viera una única vez en la vida. No quería perderse nada. Deambulaba entre las sombras que se cruzaban en su camino, sin un destino concreto, sólo siendo espectador del mundo que le rodeaba. Y él no necesitaba nada más. Disfrutaba de aquella compañía solitaria, de las personas que lo pasaban de largo pero que dejaban…

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