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Cosas de niños.

“Clara estaba inquieta. Tapada bajo cinco mantas y tres sábanas hasta su pequeña nariz, miraba atemorizaba la puerta de su armario. En realidad no tenía nada que temer, Golosinas estaba con ella bajo la manta y la protegería de cualquier monstruo.

Otro ruido.

Clara tembló de miedo. Golosinas era demasiado pequeño y blando para protegerla, tenía que acabar de una vez por todas con ese monstruo del armario, no sea que fuera a conspirar con el hombre del saco y no pudiera dormir nunca más allí.

Otro ruido.

No, no. Esta vez debía de ser un monstruo grande porque nunca había hecho tanto ruido. Saco su pequeña mano por debajo de las mil capas de ropa hasta el pomo de uno de los cajones de la mesita, sin quitar ojo de la puerta. Del cajón sacó un lápiz de punta afilada que guardaba por si perdía su lápiz del cole y cerró despacio. Abrazo a Golosinas y bajó de la cama despacio, muy despacio.

Otro ruido.

Sus pequeños pies descalzos avanzaban hacia el armario silenciosamente. Golosinas estaba con ella y no pasaría nada.

Otro ruido.

Clara paró en seco. ¿Qué haría al abrir la puerta? ¿Y si el monstruo era más rápido que ella? ¿Y si Golosinas no estaba preparado para esto?

Otro ruido.

Clara alargó la mano hasta el manillar del armario y contó hasta tres.

1…2…3…

La puerta se abrió de golpe y una cara gigante se cernió sobre ella, un grito desgarrador, varios golpes y Golosinas desencajado en el suelo.

Clara miró a su hermano Darío en el suelo. De su ojo derecho, donde sobresalía el lápiz, salían todavía pequeños borbotones de sangre. Vaya, Golosinas se estaba manchando de rojo.

– ¡Darío, eres tonto!

Y Clara fue a chivarse a sus papás porque Darío la había hecho creer que era su monstruo del armario.”

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Limpiar y reestructurar.

Cuando una quiere cambiar, lo primero que hace es analizar las acciones y conductas que suele desarrollar y por qué no dan el resultado que se quiere. En caso de no llegar a una conclusión que a una le convenza, entonces es que hay algo que estamos pasando por alto.

Se dice muchas veces lo de “no eres tú, soy yo…” demasiado a la ligera. No. Pongamos las cosas en su sitio.

Yo soy responsable de mis acciones, de mis palabras y de mis emociones. Esto puede parecer de perogrullo, pero no os hacéis una idea de cuantísima gente se salta esto a la torera, y no hablo sólo de personas que echan la culpa de sus actos a otras, sino de las personas que echan la culpa de sus emociones a otras.

Estaréis hartas de oír el término “gente tóxica” hasta tal punto de usarlo para casi cualquier cosa: amigos tóxicos, parientes tóxicos, relaciones tóxicas, hábitos tóxicos, rotuladores permanentes tóxicos… – sé que el chiste es malísimo, tranquilos- como aquella vez en la que la moda era “de vértigo” -tacones de vértigo, escotes de vértigo, etc.-, al final las palabras pierden su valor, como los “te quiero”.

Sin embargo, quiero insistir en este término de gente tóxica. No quiero hacerle publicidad a Bernardo Stamateas -autor de “Gente Tóxica. Cómo tratar con las personas que te complican la vida.”- porque, en mi opinión, acaba mezclando todo con todo, pero sí me parece que hace una buena clasificación de gente tóxica si nos mantenemos fieles a los tipos puros.

Gracias a dios, no he tenido el placer de toparme con cada uno de los tipos, pero sí me he topado con algunos, en particular con un tipo que no suelo ver a la primera nunca: el descalificador.

No voy detenerme en desarrollar el modus operandi del descalificador, pero sí me gustaría destacar alguna de sus características:

  • Finge estar interesado en lo que haces, pero sólo piensa en obtener provecho de aquello en lo que estás trabajando.
  • Es irónico y sarcástico: mediante indirectas e insinuaciones te hará creer que lo que estás haciendo no está del todo bien, influyendo de esta manera negativamente en la motivación y la energía que vuelcas en tu proyecto.
  • Vivirá usando una lupa para ver con detalle tus defectos, para luego utilizarlos a su favor.
  • Reducirá al máximo el valor de tus logros y tus éxitos.
  • Su objetivo es tener poder y control sobre todo cuanto sucede y sobre todos aquellos que estén a su alcance.
  • Sólo él tiene razón y conoce a la perfección todos los temas y asuntos que pueden tratarse.
  • Se consideran perfectos y no admiten cometer errores.

Los que hayáis pensado que no existe gente así, os invito a que miréis más detenidamente a vuestro alrededor, y los que penséis que a quién le pueden durar amigos así, os sorprenderíais.

Si pensáis que podéis cambiar a estas personas, -mec- error. Las personas pueden mejorar, pero no pueden cambiar, y sólo mejoran si ellas quieren hacerlo. Y os preguntaréis, “¿este tipo de persona puede convivir en pareja?, ¿es capaz de sentir amor?”; la respuesta es no. Esto sólo puede cambiar si la persona se da cuenta y decide mejorar.

¿Qué ocurre si esto no sucede, a pesar de poner todos los medios a tu alcance? Lo mejor que puedes hacer es alejarte. Sé que puede llegar a ser doloroso, pero no os imagináis cómo le cambia a una la vida cuando se deshace de gente tóxica. El primer paso es limpiar, el segundo reestructurar.

Si no eliminamos a la gente tóxica que nos rodea, es fácil volver a caer -aún habiéndonos propuesto firmemente que no ocurriría de nuevo- en la tentación del pesimismo, de la desidia, de la desconfianza, del miedo a la soledad, y que nos cueste levantarnos con buen ánimo por las mañanas; pero no perdamos la perspectiva: hay más peces en el mar, personas sanas que aportarán un rayito de luz a tu vida.

La clave es ponerse las gafas del optimismo – y tiene delito que lo diga yo, para los que me conocen- una vez eliminadas las personas que empeoran o no aportan nada a tu vida.

El resto va solo.

Transfobia.

No era este uno de los temas que pretendía tratar en las primeras entradas, pero dada la experiencia vivida ayer, qué menos que dedicarle unas palabras.

Se habla mucho de homofobia y lesbofobia, términos con los que la mayoría de vosotros estareis más familiarizados que con el que habéis visto en el título, pero para el que no lo sepa -o sea muy ajeno a esto- es tener fobia a gays y lesbianas -y, por consiguiente, a bisexuales también-, pero de lo que nunca se habla es de transfobia: fobia a los transexuales.

Maricón de mierda, comecoños o comepollas, travelo asqueroso, enfermo mental y otras lindezas de mayor o menor calibre son las que se oyen en los medios de comunicación y en la calle. Aunque hay que aclarar que los medios de comunicación sólo son el reflejo de las costumbres, mentalidad y convivencia del momento y -es más- la realidad de estas fobias está en tu lugar de residencia, en tu día a día.

Para que me entendáis a dónde quiero llegar o el por qué del tema, voy a la vivencia personal del día de ayer.

El día 17 de mayo es el “Día contra la homofobia” -a título concreto sería “contra la lgtb +fobia”- y los de la asociación Lgtb afincada en Valladolid querían proyectar unos vídeos al respecto en este día, particulamente sobre reacciones ante estas fobias en plena calle -¿cómo?- mediante teatro invisible o lo que llaman en la televisión cámara oculta. Fue un amigo el que me habló de este proyecto y decidí participar activamente con él. En este caso, él decidió travestirse -con mucho éxito, por cierto, parecía una chica guapa- y otro compañero hizo de su novio. Mi participación activa consistió en hacer de tránsfoba.

La imagen era la siguiente: una pareja sentada en el borde de una fuente, como dos enamorados, y dos chicas que salen a su encuentro a meterse con ellos, con todo tipo de insultos y vejaciones… ante la mirada sin reacción del resto de la gente. La mayoría de las veces que hicimos esta escena, sólo una persona se interponía porque estaba viendo que íbamos a llegar a las manos, ¡a las manos! Reaccionaban cuando había indicios de agresión física, pero cuando hay que reaccionar es antes, no se puede consentir una agresión verbal por la calle, de ningún tipo.

Todo esto que comento de seguro lo habeis leído en muchas partes, visto en vídeos, comentado con vuestros amigos, incluso es posible que hayais tenido la desgracia de vivirlo -vosotros mismos o vuestros amigos, en cuyo espero que los hayais defendido- en cuyo caso, sabeis de lo que voy a hablar a continuación.

El amigo que he nombrado antes, además de ser gay y vivir con él, es mi mejor amigo, se llama David. Y tuve que degradarle delante de toda una plaza por ser cómo es -y por ir vestido de mujer, no es más que un plus- para que otros -los que silencian o colaboran realmente en este tipo de agresiones- vean o se den cuenta de que son unos monstruos por consentirlas y no defenderlas. Como es natural, lloré después de esta escena, cuando aclaramos a toda la plaza que era teatro invisible, y no pude menos que abrazar a mi amigo, porque me sentía como una mierda.

¿Cómo puede haber gente así todavía? Quizá hubiera sentido menos empatía si hubiera sido otro y no él, quizá no me hubiera afectado tanto, pero lo cierto es que era él y no pude aguantarme llorar cuando llegamos a casa de nuevo, yo con el estómago revuelto.

¿Por qué yo por ser hetero puedo tener y adoptar hijos y él no? ¿Por qué ha de pasar penurias para forma una familia? ¿Por qué no puedo llevar a mis hijos al mismo colegio al que podrían ir los suyos? ¿Por qué tiene que costarle el trabajo o la vida privada el que esté con un hombre por pareja? ¿Por qué no puede casarse? ¿Por qué tiene que pasar vergüenza o inseguridad una persona transexual al salir a la calle? ¿Es que no es suficiente prueba de valor o sufrimiento para él/ella tener que vestirse y arreglarse todos los días porque no se puede pagar una operación para ser feliz? ¿Y su pareja? Ya es bastante trabajo llevar una vida de pareja saludable como para tener que cargar con la mierda que te echa la sociedad encima.

Estoy hasta los cojones, no es justo y no me parece normal que todavía haya gentuza que no entienda esto. Pero lo que más me jode es que no sé qué más hacer para cambiar esta situación.

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