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Dolor vivo, dolor muerto.

– Oye, ¿duele mucho cuando te rompen el corazón?

– Sí. Es como si te apuñalaran, como si estuvieras sangrando por un herida abierta, es un dolor grande y agudo, dramáticamente grande, lo ves todo de color negro, el mundo parece que va a acabar. Es un dolor intenso, es un dolor vivo, pero es fácil de arrancar y extirpar; se puede curar. Hay dolores peores.

– ¿Cuáles?

– Los dolores muertos. Imagina que te inyectan un fármaco en la sangre, que causa parálisis despacio, que no te permitiera moverte, como dejar de respirar poco a poco. No ves nada de ningún color, ni siquiera negro, no ves nada, es constante como una tortura, una gota de agua cayéndote en el cráneo cada segundo mientras estás sentado y encadenado, un trozo de plomo amarrado a los pies que no te permite ir a la superficie, una lombriz que se te come por dentro poco a poco.

– …

– Los dolores muertos son difíciles de curar, no hay nada que extirpar ni arrancar, no tienen solución fácil ni siquiera una que se vea. Las personas con depresión lo tienen, aunque a veces ocurre que es porque hubo un dolor dolor vivo que no se curó correctamente.

– Da miedo…

– Sí. Esa es la diferencia; el dolor vivo duele, el dolor muerto da miedo.

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Creencia.

Por lo visto se trata de creencia. De creer que hay algo más, algo por lo que merece la pena quedarse, algo por lo que merece la pena luchar, algo por lo que aguantar viento y marea, levantarte del enésimo golpe, resurgir de las cenizas para encararlo con otra perspectiva, algo por lo que mejorar y crecer.

Y te podrán decir muchas veces que no, que no es así, que estás haciendo un esfuerzo titánico en vano, que si pasado determinado tiempo sigue sin funcionar es porque no va a funcionar. Y que además te estás haciendo daño por el camino, que cada paso descuenta en vez de contar, que es un sinsentido total y absoluto, que es una idealización y que ya te caerás del guindo.

Y piensas que tienen razón. Que es una tontería, una batalla perdida, que no hay nada más allá y que una vez más estás solo.

Sin embargo, hay algo que… quizá… una luz pequeñita… en el fondo del pozo… detalles nimios… una corazonada de algo grande… como un destello azaroso de algo reflectante que cuelga… sigue llamando tu atención todavía…

Por lo visto, se trata de creencia.