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Dolor vivo, dolor muerto.

– Oye, ¿duele mucho cuando te rompen el corazón?

– Sí. Es como si te apuñalaran, como si estuvieras sangrando por un herida abierta, es un dolor grande y agudo, dramáticamente grande, lo ves todo de color negro, el mundo parece que va a acabar. Es un dolor intenso, es un dolor vivo, pero es fácil de arrancar y extirpar; se puede curar. Hay dolores peores.

– ¿Cuáles?

– Los dolores muertos. Imagina que te inyectan un fármaco en la sangre, que causa parálisis despacio, que no te permitiera moverte, como dejar de respirar poco a poco. No ves nada de ningún color, ni siquiera negro, no ves nada, es constante como una tortura, una gota de agua cayéndote en el cráneo cada segundo mientras estás sentado y encadenado, un trozo de plomo amarrado a los pies que no te permite ir a la superficie, una lombriz que se te come por dentro poco a poco.

– …

– Los dolores muertos son difíciles de curar, no hay nada que extirpar ni arrancar, no tienen solución fácil ni siquiera una que se vea. Las personas con depresión lo tienen, aunque a veces ocurre que es porque hubo un dolor dolor vivo que no se curó correctamente.

– Da miedo…

– Sí. Esa es la diferencia; el dolor vivo duele, el dolor muerto da miedo.

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Flores.

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Hay gente que ha hecho el esfuerzo de trasladarse; yo adapto mi trabajo a los intereses de la mayoría, me trago horas de viaje y lo pago en salud y económicamente, ¿por qué un esfuerzo vale menos que el otro?

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¿Es que hay decisiones válidas y decisiones erróneas? ¿Las válidas son las del gusto o intereses de la mayoría? Que yo sepa cada uno tiene derecho a tomar decisiones sobre sí mismo y a que sean respetadas. Si son buenas o malas es un juicio personal.

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No sólo no se me apoya sino que en alguna ocasión se me induce a rectificar mi decisión. Es como si a una persona que ha decidido vestirse de gótica se le dijera “Lo de ir de gótica para una temporada está muy bien, pero a ver cuando te vistes normal como los demás.”

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Económicamente ya lo estoy pagando, no me lo hagáis pagar psicológicamente.

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Y pienso en todo esto y ni siquiera estoy enfadada, simplemente me siento sola. Porque si ahora que la situación es difícil de llevar no tiene importancia porque “es temporal”, la importancia será la misma cuando ya no haya kilómetros de por medio porque “será definitiva”. Si se supone que soy igual de importante que los demás, da igual las circunstancias mientras cumpla, ¿no?

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Siento que siempre encuentro la solución para todos y nadie la encuentra para mí. Si no nos cuidamos entre nosotros como la familia que somos, ¿cómo vamos a sacarlo adelante?

Pensamiento 01

“Una vez escuché un chiste. Un hombre va al médico. Dice que está deprimido. Dice que su vida parece dura y cruel. Dice que se siente solo en un mundo amenazador donde lo que yace adelante es vago e incierto. El doctor dice que el tratamiento es sencillo. El gran payaso Pagliacci ha venido a la ciudad. Vaya a verlo esta noche, con eso se animará. El hombre empieza a llorar:

-Pero, doctor… Yo soy Pagliacci.

Buen chiste. Todos ríen. Redoble de tambor. Telón.”

Rorschach, Watchmen.

Código 0.0.0.0: Conexión finalizada.

Me pregunto.

Me pregunto cómo sería ser una de esas personas que tienen todo muy claro, con un camino recto en la vida y con la fuerza suficiente para llevarlo a cabo.

Me pregunto cómo sería estar con gente que te admira por la mañana y con gente que te quiere por la tarde entre semana, y dedicarle tu tiempo a un amigo cada fin de semana. O al mismo.

Me pregunto cómo sería levantarte cada mañana y saber que tienes un cometido con tu vocación, sea cual sea.

Me pregunto cómo sería que el día menos esperado apareciese la persona menos esperada para decirte “¿Cómo estás? He hecho un viaje muy largo sólo para verte.”

Me pregunto y repregunto cómo sería la vida sin habernos conocido, o habiéndonos conocido antes, o más tarde, o en otras circunstancias.

Me pregunto qué pasaría si lo dejara todo ahora y me marchase al país más lejano del mundo. También me pregunto cuando volvería o si volvería.

Me pregunto en qué pensarás todas las noches antes de acostarte y al despertarte por la mañana.

Me pregunto si sería diferente estar contigo o estar con otro.

Me pregunto qué se siente al ser reconocida por tu trabajo y cuántas personas me pedirían consejo.

Me pregunto si tú me odias tanto como yo te odio a ti, o incluso más.

Me pregunto demasiadas veces si estoy haciendo bien o estoy haciendo mal, si soy buena persona o soy mala persona.

Me pregunto cómo podría tratarte mejor o si tengo que tratarte peor. También cómo podría tratarme de la mejor manera posible a mí misma.

Me pregunto cómo sería que tu mascota durase hasta el día de tu muerte. También si siente ese amor tan grande hacia mí.

Me pregunto cómo sería estar en tus brazos y en tus besos.

Me pregunto cómo sería pasar menos tiempo sola.

Me pregunto tantas cosas… que no me da para responderlas todas.

Aún me pasa.

En momentos así, mi gato me hace mucha compañía. No es baladí, los que han tenido la oportunidad de convivir con un animal saben que no lo es. Tengo dos, pero ambos tienen personalidades diferentes. Uno me sigue a todas partes y me da un cariño tremendo y la otra me aguanta todo y tiene una paciencia infinita conmigo. No me puedo quejar.

Pero lo cierto es que me siento sola. Sí, aún me pasa. Después de conocer un puñado de personas que valen oro, de aprender a estar sola y de tener trabajo que hacer, todavía se empeña mi corazón en sentirse solo. Suena muy poético así dicho, pero no puede ser más cierto.

Últimamente -y lo atribuyo a un reciente cambio de vida- paso mucho tiempo sola en casa. Leo, juego, hago, limpio, gatos, pienso, preparo y escribo. No me aburro mucho, estoy acostumbrada a estar sola y tener mundo interior. Y, sin embargo, me siento sola. Como si nadie me echara de menos -que no es verdad-, como si nadie se acordara de mí -alguien lo hará-, como si no se me tuviera en cuenta -no me puedo quejar-, como si… como si estuviese esperando algo que nunca llega. Esperar, qué palabra más tediosa.

Me entran ganas de meterme en problemas sólo para darle un poco de emoción a mi vida. ¿Es lo mismo sentirse sola que sentirse vacía? No me parece que me sienta vacía, de hecho, desde que terminé la carrera me siento más plena, más liberada. Aunque sola. Sola, sola, sola. Si lo digo muchas veces igual se vuelve interesante.

Circunstancias, podrían ser las circunstancias. Mi mejor amiga me llama por la mañana pero no puedo cogérselo, la llamo después y comunica. Dos veces. Que me llama por la tarde. No hay problema, se le olvidará y hablaremos largo y tendido una semana después. Es costumbre, vidas dispares, es normal. Escribo por la mañana al que podría considerar -y cuidado, que voy a órdago- algo así como mi alma adyacente -si fuera gemela sería aburrido que te cagas-, luego le escribo otra vez por la tarde. Pasa un día. Pasan dos. Y aparece tras una desconexión, una gran ocupación, unos días difíciles. No hay problema, una conversación útil y divertida y otros tres días desaparecido. Es costumbre, vidas dispares, es normal. Total, que al final con la que más he hablado estas dos últimas semanas ha sido con la secretaria de un colegio en el que voy a dar clases. Pobre mujer, tanto trabajo y tanta paciencia.

Pero la mejor de todas es la suya. Por la mañana trabaja, viene a comer dos minutos, por la tarde trabaja. Viene cansado, con ganas de desconectar con algún videojuego, cenar y dormir. Parece que revive el fin de semana. No hay problema, algún día ya estaré acostumbrada, conviviré largos años con ello y ya está.

Es costumbre, vidas dispares, es normal. Desde mis 14 años, aún me pasa.