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Regalar una mascota.

¿Vas a regalar un perrito o gatito a tu hijo/a porque es lo que te ha pedido por Navidad? Te diré cómo va en la mayoría de los casos.
 
Tu hijo/a pondrá una cara de felicidad e ilusión inconmensurables al ver el cachorrito o minino tan adorable que le has comprado en la tienda más cercana. Ese día será maravilloso, tu hijo amará a su mascota y jugará con ella… hasta que se canse y pase a otro juguete. Pero bueno, es normal, es el día de los regalos y cambia cada dos por tres, ya tendrá tiempo de hacerle caso.
Al día siguiente, será la mascota la que te haga un regalo: se habrá meado o cagado en la alfombra del salón. Te enfadas, pero claro, es pequeño, ya aprenderá. Después de limpiar, ves que tu hijo/a está jugando con sus juguetes y, de vez cuando, le hace alguna carantoña al animal porque le está dando cada dos por tres con el hocico. Unas horas más tarde, la pequeña y adorable mascota se volverá a mear o a cagar en otro sitio de la casa, además de haberte destrozado las zapatillas. Es pequeño, todavía no tiene juguetes, ya aprenderá. Al día siguiente te percatas de que, además de algún juguete, necesitarás una correa y un lugar en el que pueda dormir: el sofá está meado y destrozado. Y tu hijo/a te dice que no quiere jugar con él porque huele mal y está sucio.
A pesar de haber comprado la correa o el arenero, el animal sigue sin hacer sus necesidades dónde debe y hace caso omiso de los juguetes y el rascador porque no distingue tus cosas de las suyas. Pero no tienes tiempo para enseñarle, tienes que trabajar, llevar al cole al niño, etc. Encima el bicho empieza a aullar/maullar por Dios sabe qué. No te deja dormir. Ya va la décima vez que el animal, en cuanto te das la vuelta, mete el hocico en la comida de la encimera.
A tu hijo no le gusta la mascota desde que destrozó aquel juguete nuevo que tanto le gustaba. Resulta que el bicho ha empezado a cojear, miras cuánto vale llevarlo al veterinario. Te niegas a pagar porque no te sale a cuenta con lo que ha destrozado hasta ahora.
El animal se ha hecho grande ya, ya no es tan gracioso y adorable y molesta más en casa que otra cosa. Tu hijo/a no lo va a echar de menos, nadie le hace caso en casa. Decides deshacerte él.
 
Así es como las protectoras se llenan de animales abandonados, en especial en Navidad.
 
Si no estás dispuesto a cuidar, a educar, a darle cariño y mantener sana a tu mascota, mejor no tengas una.
 
Si estás dispuesto a que haya un nuevo miembro en tu hogar, ese peludo será agradecido y te dará su amor incondicional.
 

Es una vida.

ADOPTA CON RESPONSABILIDAD.

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