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A la chica del baño.

No hace falta que llores en susurros, llora a gusto. Reconozco que me he quedado un rato más en el cubículo de al lado para escucharte, para ver si compartiendo el dolor te dolía menos. Pero la desazón con la que debías derramar tus lágrimas no entendía de empatia. Sea lo que sea, que sepas que he estado justo al lado, escuchando pacientemente tu pena. No eran necesarias las palabras, entiendo lo que es que no quieras que te vean llorar, que vean el hondo dolor que te sale del corazón. Quizá no estabas preparada para que sucediera o quizá ya sabías el final y sólo te estabas defendiendo. Me hubiera gustado decirte que todo iba a ir bien, que todo lo malo pasa y que no estás sola ni siquiera cuando estás sola, porque hay desconocidos como yo que también sufren de idiotez y se quedaran en el baño de al lado a ver si se te pasa. Llevaba pañuelos, podría haberte dado uno como muestra de entendimiento, pero sabía que no ibas a arriesgarte a que te viera ni una sola lágrima hasta que saliera por la puerta, para no manchar tu dignidad, esa que no te hace falta porque no hay nada de lo que avergonzarse. Me hubiera gustado sonreirte con cariño para que te sintieras un poco mejor. Pero ya sabes, la bondad de los desconocidos ocurre a destiempo.

Así que si alguna vez lees esto, recuerda que llevo pañuelos para ti y una sonrisa.

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Describir los celos.

“Es un sistema de defensa para proteger lo que es tuyo, por eso son tan malos los celos, porque implican posesión. Y las personas no son cosas, son personas.”

Una chica en un foro.

He visto este razonamiento o este pensamiento en muchas partes y conozco personas que lo mantienen y defienden. Yo no estoy de acuerdo.

Algunas personas los describen como una ira creciente, otros como un susurro incansable en la oreja, otros dicen que es cuando te cuesta respirar y otros cuando te entran ganas de llorar. Cada persona lo expresa de manera diferente. En lo que sí estamos todos de acuerdo es que no es un sentimiento que nos gusta exteriorizar, porque los celos son un síntoma de vulnerabilidad. Y a nadie le gusta ser vulnerable en público.

Personalmente, dudo que se trate de posesión. Existen personas enamoradas de otras que no han verbalizado esta situación con éstas últimas y sienten celos, no hay nada ni nadie que pueda sentirse atacado. Existen parejas felizmente juntas durante muchos años y sienten celos, así que no pertenece a una falta de confianza. Hay hermanos mayores que sienten celos de sus nuevos hermanos pequeños y el amor de sus padres por ellos no ha cambiado. También hay mejores amigos que sienten celos de una nueva amistad creciente y no se les ha dejado de prestar atención. Y entonces yo me pregunto, ¿por qué?

En todas estas situaciones nos encontramos en una posición privilegiada, que nos ha otorgado la otra persona en su vida (o que podría otorgarnos, haciendo referencia a la primera situación explicada), y con la que nosotros estamos de acuerdo, porque existe un vínculo afectivo fuerte. Dado esto, ¿y si otra persona pudiera sustituirnos perfectamente en esa posición privilegiada, e incluso hacerlo mejor? Eso son celos.

Miedo a que otra persona le haga más feliz que tú. Simple y llanamente. “Esa chica le hará más feliz porque le gusta y yo no, por mucho que yo haga”, “Ese hombre podría hacerla más feliz porque comparten gustos y aficiones y nosotros apenas tenemos nada en común”, “No soy suficiente para mis padres y se han buscado a otro que les haga más feliz”, “Esa tía acaba de llegar y conecta mucho mejor con ella que yo, se entienden enseguida”. Y entonces te entran ganas de llorar, o de gritar muy fuerte, o de hacer caso a ese susurro que dice que te apartes de ahí o se te corta la respiración sólo de pensarlo.

Los celos no se pueden evitar, al menos no he encontrado persona humana que los evite. Pero sí se pueden afrontar. Cerciorarse uno mismo de que esa persona te quiere a ti porque eres así y le gustas así, es una buena razón para dejar de tener celos. No importa que el que venga o la que venga sea mejor o peor, coincida en gustos o no, porque esa persona te quiere a ti porque eres así y así lo ha decidido. Los sustitutos no existen. Existen personas que se añaden a tu vida y personas que se quitan de tu vida, pero los sustitutos no existen. Eres una persona única y especial, así eres a ojos del o la que te quiere.

El problema es que a veces se nos olvida. Así que os recomiendo que se lo recordéis a vuestros seres queridos. Seguro que así les hacéis mucho más felices.