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Dolor vivo, dolor muerto.

– Oye, ¿duele mucho cuando te rompen el corazón?

– Sí. Es como si te apuñalaran, como si estuvieras sangrando por un herida abierta, es un dolor grande y agudo, dramáticamente grande, lo ves todo de color negro, el mundo parece que va a acabar. Es un dolor intenso, es un dolor vivo, pero es fácil de arrancar y extirpar; se puede curar. Hay dolores peores.

– ¿Cuáles?

– Los dolores muertos. Imagina que te inyectan un fármaco en la sangre, que causa parálisis despacio, que no te permitiera moverte, como dejar de respirar poco a poco. No ves nada de ningún color, ni siquiera negro, no ves nada, es constante como una tortura, una gota de agua cayéndote en el cráneo cada segundo mientras estás sentado y encadenado, un trozo de plomo amarrado a los pies que no te permite ir a la superficie, una lombriz que se te come por dentro poco a poco.

– …

– Los dolores muertos son difíciles de curar, no hay nada que extirpar ni arrancar, no tienen solución fácil ni siquiera una que se vea. Las personas con depresión lo tienen, aunque a veces ocurre que es porque hubo un dolor dolor vivo que no se curó correctamente.

– Da miedo…

– Sí. Esa es la diferencia; el dolor vivo duele, el dolor muerto da miedo.

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Me pregunto.

Me pregunto cómo sería ser una de esas personas que tienen todo muy claro, con un camino recto en la vida y con la fuerza suficiente para llevarlo a cabo.

Me pregunto cómo sería estar con gente que te admira por la mañana y con gente que te quiere por la tarde entre semana, y dedicarle tu tiempo a un amigo cada fin de semana. O al mismo.

Me pregunto cómo sería levantarte cada mañana y saber que tienes un cometido con tu vocación, sea cual sea.

Me pregunto cómo sería que el día menos esperado apareciese la persona menos esperada para decirte “¿Cómo estás? He hecho un viaje muy largo sólo para verte.”

Me pregunto y repregunto cómo sería la vida sin habernos conocido, o habiéndonos conocido antes, o más tarde, o en otras circunstancias.

Me pregunto qué pasaría si lo dejara todo ahora y me marchase al país más lejano del mundo. También me pregunto cuando volvería o si volvería.

Me pregunto en qué pensarás todas las noches antes de acostarte y al despertarte por la mañana.

Me pregunto si sería diferente estar contigo o estar con otro.

Me pregunto qué se siente al ser reconocida por tu trabajo y cuántas personas me pedirían consejo.

Me pregunto si tú me odias tanto como yo te odio a ti, o incluso más.

Me pregunto demasiadas veces si estoy haciendo bien o estoy haciendo mal, si soy buena persona o soy mala persona.

Me pregunto cómo podría tratarte mejor o si tengo que tratarte peor. También cómo podría tratarme de la mejor manera posible a mí misma.

Me pregunto cómo sería que tu mascota durase hasta el día de tu muerte. También si siente ese amor tan grande hacia mí.

Me pregunto cómo sería estar en tus brazos y en tus besos.

Me pregunto cómo sería pasar menos tiempo sola.

Me pregunto tantas cosas… que no me da para responderlas todas.