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Dolor vivo, dolor muerto.

– Oye, ¿duele mucho cuando te rompen el corazón?

– Sí. Es como si te apuñalaran, como si estuvieras sangrando por un herida abierta, es un dolor grande y agudo, dramáticamente grande, lo ves todo de color negro, el mundo parece que va a acabar. Es un dolor intenso, es un dolor vivo, pero es fácil de arrancar y extirpar; se puede curar. Hay dolores peores.

– ¿Cuáles?

– Los dolores muertos. Imagina que te inyectan un fármaco en la sangre, que causa parálisis despacio, que no te permitiera moverte, como dejar de respirar poco a poco. No ves nada de ningún color, ni siquiera negro, no ves nada, es constante como una tortura, una gota de agua cayéndote en el cráneo cada segundo mientras estás sentado y encadenado, un trozo de plomo amarrado a los pies que no te permite ir a la superficie, una lombriz que se te come por dentro poco a poco.

– …

– Los dolores muertos son difíciles de curar, no hay nada que extirpar ni arrancar, no tienen solución fácil ni siquiera una que se vea. Las personas con depresión lo tienen, aunque a veces ocurre que es porque hubo un dolor dolor vivo que no se curó correctamente.

– Da miedo…

– Sí. Esa es la diferencia; el dolor vivo duele, el dolor muerto da miedo.

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Pequeñita.

Seguro que alguna vez habéis estado en mitad de una multitud o habéis sido el cliente n°147 o habéis estado rodeados de un grupo que hablaba de algo que no entendíais para nada.

Hace poco me encontré mirando al mar y en vez de sentir una tranquila felicidad, vi como las olas rompían contra las rocas y se me revolvió el estómago. Pero de noche fue aún más espeluznante -sí, la palabra es espeluznante- cuando en la inmensa oscuridad de la noche, con los pies calados, vi a lo lejos un barco que emitía una pequeñísima luz. Y entonces entendí mi intranquilidad.

En ese momento entendí que era insignificante. Me sentí muy pequeña, sola y fuera de lugar. Que era la 346 de una larga cola de personas, que mis acciones se quedaban demasiado pequeñas para que nadie se fijara en ellas. Una más. Una más de una larga lista de innombrables que serán recordadas como una anécdota, puede que ni graciosa. Un átomo en un sistema demasiado grande como para poder ser visto, un ser vivo más en un ecosistema que no me pertenecía. Pequeñita, insignificante.

Y entonces va cayendo como una losa que resbala por un terraplén: “No eres especial.”

Voy a tener que solucionar eso.

Hay que cerrar.

Hay veces que hay que cerrar. Cosas que no van a ninguna parte o que dan vueltas o que se desvanecen conforme avanzan…

Tú sabes que ha llegado al final, que no es un bajón, que no es un stand by ni una espera conclusa, es un cierre. No un final, un cierre. Porque no parece tener fin. Y eso francamente, querida, te está matando.

Cada minuto de angustia, cada hora de hartazgo, cada día de ansiedad te está quitando la vida. Déjalo ya, basta, no te tortures más. Déjalo ir, no hay nada más que hacer. Llora. Llora mucho, hasta que inundes la habitación si hace falta por lo que te está sobrando o por lo que te está faltando. Échalo todo, aunque sean toneladas, pero deja descansar a tu salud. Respira, ya vale, respétate un poco. Te lo digo porque no vas a tener otra oportunidad, ni los gatos tienen siete vidas por mucho que digan. Si lo sabré yo. Hazme caso, lo habrás oído cinco mil doscientas veces, pero es cierto que no merece la pena que sigas así. No es culpa de nadie, ni siquiera tuya, simplemente has llegado hasta ahí y no sabes cómo. No te agobies, saldrás. Siempre sales, sople fuerte o haya marea alta, al final acabas saliendo. Eres una superviviente, lo has sido siempre y siempre lo vas a ser, eso te lo garantizo yo, que para algo te conozco bien. Deshazte de quién haga falta, reduce lo que sea y suma lo que necesites, no te quedes ahí parada mortificándote, la vida sigue y eso sería un día perdido. Poquito a poco, vamos, sabes cómo se hace.

No lo hagas por él, ni por ella, ni por aquellos que. Hazlo por ti. Vas a estar toda la vida contigo misma, y te aseguro que querrás estar lo más cómoda posible.

Y, por dios, recuerda que te quiero.