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Lo de la belleza interior.

Estoy harta de leer discursos a favor de la belleza interior, esos que sólo nos leemos los gilipollas que aún creen en ella.

Me parece genial que con tus veintitantos para arriba hayas desarrollado confianza en ti misma para saber qué es lo que vale y qué es lo que no. No voy a contradecirte, estamos de acuerdo en que hay que quererse todo el cuerpo. Pero me parece que se está pasando por alto algún detalle.

Una chica de quince o dieciloquesea está llena de inseguridades porque todavía está esculpiendo su personalidad y cualquier sandez que le digan aumentará el miedo a no ser aceptada. Eso suponiendo que la chica sea delgada, porque como tenga algún kilo de más, las sandeces se multiplican. Esto es que por mucho que se la inculque en la importancia de la belleza interior y de quererse, las sandeces las recibe igual. Y calan, calan bien a esa edad y más con sistema de repetición.

Se habla de pareja que te acepte como eres, hasta de amigos y entornos sociales cercanos. ¿Y si el problema está en casa? ¿Un discursito que lea por alguna red social sobre el tema y arreglado? Me temo que no. Y no hace falta que nos pongamos dramáticos con unos padres que no la quieren ni nada de eso. La pueden querer mucho y aceptarlo todo. Todo menos que no se vea guapa. “Deberías quitarte unos kilos, estarás más sana y más guapa.” ¿Vosotros leéis falta de amor y preocupación? Y sin embargo, cala. “Si hicieras ejercicio te quitaría esa celulitis y estarías estupenda.” No sé, ¿me seguís por dónde voy? “Depilándote regularmente te quedan las piernas más bonitas y más suaves.” Imaginaos lo que supone para esa chica encontrarse una zona sin depilar porque ha pasado desapercibida. Y así acumulamos comentarios y ninguno malintencionado.

Creo que no se trata sólo de quererse a una misma, se trata de eso y de una mentalidad abierta del entorno en el que se vive. Puede que a la mayoría no le importe o no se fije, porque efectivamente saben lo que se siente y te quieren con todo. Pero la mayoría no es suficiente, basta que haya una sola persona con comentarios sobre el físico de alguien en el vestuario, en la piscina, en la playa, en casa de una amiga para que tengas que ocultarte y no dejar a merced de ojos que juzgan tus defectos corporales, todo por el simple hecho de evitar el conflicto. Aunque te gustes, no quieres oír ciertas cosas. Y diréis que qué más da lo que diga la gente, y tendréis toda la razón.

Pero no se lo contéis sólo a la chica de quince.

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El arte para la sociedad, para un país.

La vergüenza del actor.

Podría meterme en una pequeña salita de madera con 14 personas más, sentada en una silla negra plegable formando parte de un círculo que se mira entre sí, y que cuando me toque el turno me levante y diga: “Hola, me llamo Actriz… y tengo vergüenza.” “Hola, Actriz.”

Ridículo, ¿verdad?

Ya sé que os parece ridículo que me llame Actriz, pero la gente me llama así cuando apelan o apelo a mi vergüenza. Me cambian el nombre porque no tengo derecho a sentir eso, vergüenza. No es que la tenga o no, es que no tengo derecho a elegir.

Si en el fondo yo lo entiendo, hago cosas que el resto de la gente de a pie no hace: me desnudo con más gente, me acaricio con otros chicos que no son mi novio, canto muy desafinada a grito pelado, me pongo cosas feas en la cara, disparo con una M16 a mis amigos… y todo esto delante de más de 200 personas. Uff, ¿esto no lo haríais en vuestra vida real, no?

Yo tampoco.

Todo eso y cosas más desvergonzadas las hago en un escenario, donde se me permite hacerlas y nadie me juzga por ello, bueno sí, juzgan si les gusta o no les gusta cómo lo he hecho, no qué he hecho. Si todo eso lo hiciera fuera del escenario, os aseguro que me dirían de todo menos bonita.

No sé si me entendéis, voy a hacer analogía. Imaginaos a cuatro matemáticos y una actriz en una conferencia en la que van a hablar sobre geometría diferencial. Los cuatro matemáticos han resultado ser cuatro personas que no están acostumbradas a hablar en público y sienten verdadera vergüenza de tener que hacerlo por primera vez en su vida, a pesar de que traen unos gráficos precisos y vistosos y dominan con perfecta fluidez cualquier cosa tocante a la geometría diferencial; así que deciden que hable la actriz porque no tiene ese problema, a pesar de que no tiene ni puñetera idea de lo que es la geometría diferencial y lo único que podría expresar de los gráficos sería el nombre de los colores. Os podéis imaginar el resultado. Exacto, la imagen final es de una chica balbuceando cosas sin sentido intentando salir del apuro porque no sabe qué decirles a 200 matemáticos allí presentes que esperan geometría diferencial, es decir, una chica que está pasando completa vergüenza. Y no sólo eso, sino que, además, los cuatro matemáticos la miran con desaprobación y se quejan de lo mal que está saliendo la conferencia porque no entienden como una actriz puede hablar en público tan mal.

Vergüenza

Sí, ¿no lo sabíais? Cuando un actor no cumple las espectativas de la gente que tiene a su alrededor en un día de su vida diaria es una mierda de actor. Quizá sea una persona callada, pero un actor tiene que ser divertido y dinámico. Quizá no pierda mucho tiempo en arreglarse para salir, pero una actriz siempre tiene que parecer una modelo. Quizá no le apetezca contar chistes o decir tonterías, pero un actor debe ser el bufón que a todos divierte del grupo. Quizá esté disfrutando de un buen rato para evadirse, pero una actriz tiene que saber llorar en el momento en el que te lo piden. Ah, y sin que se te corra el rímmel, que sino dejas de parecer una modelo y te conviertes en una chica normal.

– ¡Anda, cuéntanos una historia divertida o un chiste!

+ La verdad es que no me sé ninguno en este momento.

– Venga, que alguno te sabes fijo, que eres actor.

+ No me apetece, lo siento.

– Joder, vaya mierda de actor.

+ ¿En qué trabajabas tú?

– Soy panadero.

+ Hazme pan.

– ¿Pero eres tonto? ¿Cómo voy a hacer pan aquí en mitad del parque?

+ Pues vaya mierda de panadero.

Ser actor y que tener vergüenza es como ser un gato y que te guste el agua, inconcebible.

Sin embargo, he de aclarar una cosa que no sabéis: actor o actriz es un trabajo, una profesión, un oficio. No una manera de ser o de hacer en el mundo. Es un trabajo que se lleva a cabo en un espacio concreto, en un tiempo concreto y con 200 personas mirando que, concretamente, han pagado en la taquilla su entrada. Nosotros nos ponemos al servicio de la miseria humana para que los panaderos, los administrativos, los profesores, los jubilados, los estudiantes, etc. puedan contemplarla y reflexionar sobre ella, no ponemos nuestra miseria humana en escena.

Porque detrás de cada actor o actriz hay un hombre y una mujer con su carácter, sus circunstancias, su estado emocional, sus virtudes y sus defectos. Y entre toda esa maraña de aspectos y cualidades, puede estar la vergüenza.

Ah, por cierto, no me llamo Actriz. Me llamo como pone en mi partida de nacimiento.